Tibidabo

Disfrutando como niños

Ir al Tibidabo es volver a ser niños.

Hay parques de atracciones, en los que pasar todo el día, todo el fin de semana. Y luego está el Tibidabo, el parque de atracciones con más solera de Barcelona.

Para llegar puedes subir en coche, aparcar en su parking que pagas una cantidad fija. Podéis estar una hora o todo el día si os apetece, además de dejar la mochila con la comida en el coche. Luego salir a buscarla a la hora de comer, y volver a entrar sin problemas.

Podéis ir en bus, en el Tibibus, desde plaza Catalunya. Pasa cada 20 minutos y os olvidáis de todo lo demás.

Pero es más romántico llegar en el funicular. Entrar y tener la panorámica de Barcelona según va subiendo, apoyada en el hombro de mi pareja, me despierta mucha ternura (sí, a veces soy hasta tierna)

Una vez arriba, en la cumbre de la montaña, antes de entrar al parque de atracciones, os encontráis con un precioso mirador. O lo que es lo mismo, las vistas más espectaculares de toda la ciudad.

Un día en pareja en el Tibidabo

Está el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, por si os apetece entrar, es absolutamente magnífico. Lo recomiendo.

Después de pagar la entrada (lo mejor es el pase a todo), podéis disfrutar desde algo tranquilo como es el museo de Autómatas. Podéis subir en el avión (aunque debo decir que a mí el avión me da miedo, más por viejo que por otra cosa).

O podéis disfrutar de las atracciones más movidas, como pueden ser el Huracán, o (aunque parezca inofensivo) el tiovivo de columpios (Diàvolo). Este último, cuando estás en el aire, y ves que lo que evita que salgas volando por encima de la ciudad es un gancho y una cadena, se te encoge “to”.

Uno de los atractivos que tiene, en cuanto a atracciones es el “Dididado”, una sala de cine en 4 dimensiones. La verdad es que una de las películas que vi, en la que te conviertes en un gato, me encantó. Resultó divertido y agradable.

Cómo no, tenéis que entrar en el Hotel Krüeger, estoy segura que sois muy valientes. Que estáis curados de espanto con las películas de miedo que hay ahora, que ya no dan miedo y esas cosas, pero es una visita imprescindible. Hacedme caso. Cuando menos, saldréis riendo como niños.

En fin, hay mucho por ver y disfrutar en el Tibidabo. No voy a enumerar todo, pero que sepáis que en pareja es muchísimo mejor. No os vais a arrepentir, palabra.

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