El Celler del Tossal

El matrimonio entre nuestra pasión por el vino y el amor

Disfrutar de un arroz en pareja en Valencia, es disfrutar de una de sus muchas maravillas. 

 

Y nosotros hemos tenido la fortuna, de poder disfrutar de un arroz en pareja. En uno de los mejores lugares para ello. El Celler del Tossal.

 

homer yo arrggg un día en pareja
Arrrrroz….. gggg

Vale, no sé si es porque es la hora de comer, porque mi memoria es muy vivida. O porque soy una gulas de narices, pero estoy teniendo un momento “Homer Simpson” con la boca abierta, y babeando diciendo… “Arrrrrroz….. ggggg”

 

El caso es que, aunque la imagen sea un poco así, raruna, no es por desmerecer el lugar del que voy a hablar.

De nuevo, Valencia, esa preciosa ciudad, que tanto nos gusta.

Y de nuevo, una recomendación. Que oye, cuando alguien te recomienda un lugar, como que ya sabes que vas a triunfar.

Un vecino nos veía salir, y la típica charla de ascensor, nos llevó a revelar que íbamos a Valencia por trabajo, pero que volvíamos en un par de días. Entonces nos dijo que el iba mucho con su pareja, porque su chico precisamente era de allí, así que visitaban a la suegri y esas cosas.

arroz en pareja el celler del tossal

Nos preguntó si ya habíamos comido un “Arroz bomba meloso”, y sin esperar una respuesta nos dijo que ir a Valencia y volver sin comer un arroz en condiciones era pecado. Y que el nos iba a decir cual era el mejor restaurante para eso.

Y sin más sacó su móvil, llamó a su chico y nos apuntó el teléfono de “El Celler del Tossal”.

 

La verdad, es que visto ahora con un poco de perspectiva, no sé si somos curiosos por las cosas que nos pasan, o es que estamos rodeados de personajes muy curiosos.

En fin, que la recomendación se la agradecemos siempre que lo vemos (y si no, se encarga de recordárnoslo) . Por cierto, gracias Jaume, una vez más.

Pues eso, reserva y cena en El Celler del Tossal. Nos gustó la decoración, sobria, moderna, práctica e impoluta.

La atención amable y profesional, y por supuesto la comida.

 

Debo reconocer que casi que esperábamos que el precio fuese un poco alto, pero no, al contrario, nos pareció más que razonable.

El arroz meloso, o el chuletón que se pilló mi costillita, estaban exquisitos. Lo mejor de la comida, es que es de esas que parecen salidas de la cocina de la yaya. Que lleva tiempo a fuego lento, y con todo el trabajo y cariño que suelen poner las yayas al cocinar. Sabiendo que es la única manera de que el sabor sea el que tiene que ser.

Nos encantó y volveremos, seguro.

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