Aquarium de Roquetas de Mar

Un paseo por el agua

Paseando en el Aquarium

Así es como nos acercamos un poco más, paseando en el aquarium.

Roquetas de Mar se me antoja más un precioso pueblo de pescadores, que una ciudad como es.

Esté donde esté, siempre hay alguien que me trata como si me conociera de toda la vida.

Amabilidad y simpatía, incluso cuando me he topado con alguno que no había dormido bien esa noche. Me ha soltado un moco con tanta gracia, que lo único que he podido hacer es sonreír.

Cuando llegas al  Aquarium de Roquetas, un día de pleno verano. Con un calor insoportable, te aseguro que envidiaba a la fauna marina más que a nadie en este mundo.

Verlos tan cuidados, disfrutar de la semi oscuridad de la visita, el agua clara…

 

Mi churri había decidido que ese día precisamente, le apetecía abrazarme mucho. Y perdón, porque yo lo quiero mucho. Pero en ese momento lo quería lejos, que no impidiese que ni una gota de aire se detuviera antes de llegar a mi. Así que os podéis imaginar el panorama.

Él mosqueado porque no le hacía caso, y yo mosqueada porque me hacía demasiado caso.

Al menos tuvo la genial idea de proponer (raro en él) que fuésemos al Aquarium de Roquetas.

paseando en el aquarium roquetas

En la visita se fueron relajando mis sofocos, y con ello suavizando mi mala leche (aunque que conste, que la llevo de serie,  sólo se acentúa).

La tranquilidad que se respira. La temperatura perfecta de las instalaciones, ni muy alta ni muy baja, simplemente perfecta.

Esas miradas de los peces, que nunca sabes si miran o están “emapanaos”. La atención del personal, amabilísimos todos.

El caso es que mi churri me mostró un tanque, lleno de carpas Koi, y me dijo que esperase un momento.

Al minuto estaba a mi lado con unas bolas, y me dijo que le diese un poco a los peces. Al principio me sorprendió, pero luego me fijé que habían varias personas y niños dando de comer a las carpas, así que me animé.

Es algo curioso, lanzar una pequeña bolita y que aparezca una carpa, y acto seguido, se quede por ahí, como si ya supiera que si cae una, caen más.  

 

Ni que decir, que con paseando en el aquarium, el relax de las instalaciones, el dar de comer a las carpas y el ver a mi churri intentando poner cara de besugo…  

Acabé siendo yo quien lo achuchaba cada momento. Y él haciéndose el ofendido (que me gusta cuando se pone en plan — Ya no tajunto—)

No importa si estáis de morros o encantados, las experiencias son para vivirlas y disfrutarlas, y el ir al Aquarium de Roquetas, es una experiencia fantástica.

¿Habéis estado? ¿Qué os ha parecido?

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